PRESENTACIÓN


Pero, a no dudar, la obra más significativa, entre la mía modesta, es la fundación de la “Revista Ibero Americana de Medicina de la Boca”, que ya con el título de Odonto-iatría (1944-1967), se advierte, el espíritu de su fundación, es decir, la relación entre el diente y la patología toda. El subtítulo aclara y señala su ambición de expansión cultural en sus dimensiones geográficas, con expresión que el mismo III Congreso de las Academias de la Lengua, celebrado en Bogotá en 1960, propugnó, al discernir entre “latino”, “hispánico” e “Ibérico”.

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El lema que domina el frontispicio es terminante: Dios, patria, ciencia. Dios, porque todas nuestras actividades están sometidas a la omnipotencia divina. Patria, porque nuestra obra y su divulgación la realizamos en la tierra en la que vivimos. Como se ha repetido hasta la saciedad de que la ciencia no tiene patria, recordaremos lo que decía Cajal, repitiendo textualmente a Pasteur, de que los sabios la tienen. El sabio no sólo pertenece a la humanidad, sino a su pueblo, que se envanece de su talento. Vemos, pues, cómo la paternidad de los grandes se la disputan las patrias.

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Ciencia es el otro lema de nuestro frontispicio, porque, tendiendo, por naturaleza, al trabajo y al orden, nos interesa no sólo el conocimiento, sino que –como dice Cayo- “¡No viven en la verdad, les hace falta saber¡ (Calígula, de Albert Camus), y la estampa periódica es el mejor medio de difundir la verdad.

Al recordar aquellos primeros pasos, finales de 1943, en los que Odonto-iatría se fraguaba con nuevas diligencias –después de haber fracasado otras para que en 1938 saliera Odontología Española-, no sería noble olvidar la colaboración, prestada al calor de los primeros meses, por un grupo de eminentes colegas y amigos, entre los cuales hemos de recordar a José Fernández y Coello de Portugal, Braulio García de Uña, Carlos Losada Agostí, etcétera, y a aquellos otros, colaboradores primeros, como el académico Antonio García y Bellido y a nuestros colegas Manuel Fonseca Llamedo, Luis García Ballesteros, Luis Santiago Gómez Comes, etc., una pléyade de nombres que –gracias a Dios- todavía hoy honran nuestra portada.

Dr. Miguel Sáenz de Pipaón y Tejada D.D.S..

Madrid, 1965.

EDITORIALES


Veinte años en los que, mes tras mes, he debido pergeñar unas líneas para tratar -desde la tribuna de su editorial el tema de actualidad, comentando los trabajos de los colaboradores o de la literatura odontológica mundial.

Casi trescientos trabajos, solamente en esta Sección, con los que –pese a mi limitada capacidad, manejando, cierto es, una ingente producción bibliográfica en cuatro o seis idiomas, ya que el italiano y portugués todos nos consideramos capaces de traducir- ha terminado por serle adjudicada a dicha tribuna una categoría y una solvencia de tipo internacional, inmerecida por supuesto, para su modesto redactor.

revistasAñadamos a este trabajo la redacción de otros bajo nuestro propio nombre y otros más con los de mi sangre (José Álvarez de Eulate y Maeztu, Ángel Guergué y  Martínez de Marañon), amén de traducciones y alrededor de doscientas cincuenta resenciones bibliográficas, etc.

Confesamos, ingenua y sencillamente, que esto ha podido halagar mi sensibilidad. “Este periodismo de élites para élites me ha conmovido” –dice Balmes, en 1846, en el “Pensamiento de la Nación”.

Dr. Miguel Sáenz de Pipaón y Tejada, D.D.S..

Madrid, 1965.

AUTORES


De entonces acá han transcurrido varios lustros, en los que colegas extranjeros e hispánicos han honrado nuestras páginas, y entre los que recordamos a Norberto J. Samengo, Lucas I. González, José Cadrecha Álvarez, René Louvel Bert, sir Eric W. Fish, Gabin R. Ferguson, Franco, Federico García Godoy, Yury Kuttler, Víctor González Mendoza, Albert Schatz, etc. He de confesar que, de haberlo advertido entonces, hubiera dudado en lanzarme a tan ardua empresa..

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Dr. Miguel Sáenz de Pipaón y Tejada, D.D.S.

Madrid, 1965.